Residuos plásticos en los océanos: iniciativas de Costa Rica, Panamá y Colombia para reducir el uso de plásticos de un solo uso

iniciativas de Costa Rica, Panamá y Colombia para reducir el uso de plásticos de un solo uso

En cada ola que rompe en la costa, hay una historia que no se ve. Botellas, envoltorios, bolsas, sorbetes… objetos que alguna vez fueron útiles y que hoy flotan como testigos de un modelo de consumo que no sabe qué hacer con sus desechos. El plástico de un solo uso se ha convertido en uno de los enemigos más persistentes del océano. Y aunque el problema es global, hay países que están tomando decisiones concretas para enfrentarlo. Costa Rica, Panamá y Colombia han comenzado a escribir un nuevo capítulo, uno donde la basura no termina en el mar.

El plástico no desaparece, se transforma en amenaza

Cada año, más de 11 millones de toneladas de plástico llegan al océano. No se disuelven ni se degradan. Se fragmentan en pedazos cada vez más pequeños, hasta convertirse en microplásticos que se cuelan en el agua, en los peces y en nuestros cuerpos. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el 80 % de la basura marina proviene de fuentes terrestres, principalmente plásticos asociados a empaques de alimentos y bebidas.

En América Latina, se generan más de 17.000 toneladas de residuos plásticos al día. Y aunque muchos países han avanzado en reciclaje, el problema no se resuelve solo con recolectar. Hay que evitar que el plástico llegue al océano. Y para eso, hay que cambiar desde el diseño de los productos hasta los hábitos de consumo.

Costa Rica: legislación y campañas que van más allá del reciclaje

Costa Rica ha sido pionera en la región. Desde 2014, la Fundación MarViva ha impulsado proyectos de ley para restringir el uso de plásticos innecesarios o no reciclables. Ocho de esas iniciativas ya se han convertido en normativa nacional. Pero el enfoque va más allá de prohibir. Se trata de repensar el ciclo de vida del plástico.

En 2021, MarViva lanzó una campaña para desmontar el mito de los “plásticos biodegradables”. Con imágenes impactantes y datos científicos, explicaron que no existen plásticos que desaparezcan sin dejar rastro. Lo que hay son materiales que se fragmentan, contaminan y permanecen durante décadas.

Además, Costa Rica ha trabajado con gobiernos locales y comunidades costeras para mejorar la gestión de residuos. En zonas como Guanacaste y Puntarenas, se han implementado sistemas de separación en origen, recolección diferenciada y educación ambiental. El objetivo es claro: que el plástico no llegue al mar, ni siquiera por descuido.

Panamá: tecnología y acción comunitaria en los ríos urbanos

En Ciudad de Panamá, los ríos se han convertido en canales de basura. Pero también en espacios de innovación. La organización Marea Verde, en alianza con The Ocean Cleanup, lanzó en marzo de 2025 el Proyecto Siete Cuencas. La meta es intervenir los principales ríos urbanos que desembocan en la Bahía de Panamá, un ecosistema reconocido como sitio Ramsar y Área Protegida.

La experiencia previa en el río Juan Díaz demostró que es posible detener la basura antes de que llegue al mar. Desde 2022, se han evitado más de 290.000 kilos de desechos mediante barreras flotantes y sistemas de recolección. Ahora, el proyecto busca replicar ese modelo en otros ríos como el Río Abajo y el Matías Hernández.

Pero no todo es tecnología. Marea Verde también trabaja con escuelas, vecinos y autoridades locales para cambiar la relación con los residuos. Como dijo Mirei de Heras, presidenta de la organización: “La clave está en detener la contaminación en su origen. Y eso empieza por entender que cada envoltorio que tiramos tiene un destino que no vemos, pero que nos afecta a todos”.

Colombia: alianzas regionales y normativas en construcción

Colombia forma parte del Plan de Acción de Basura Marina para el Pacífico Nordeste 2022–2026, una iniciativa conjunta con México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Este plan, apoyado por la ONU y la Fundación MarViva, busca coordinar esfuerzos para prevenir, reducir y gestionar los residuos marinos.

Aunque el país aún no cuenta con una ley nacional que prohíba todos los plásticos de un solo uso, sí ha avanzado en normativas locales y campañas de sensibilización. En ciudades como Cartagena y Santa Marta, se han implementado restricciones al uso de bolsas plásticas y se han promovido alternativas reutilizables.

Además, Colombia ha trabajado en la formalización de recicladores, la mejora de los sistemas de recolección y la creación de incentivos para empresas que apuestan por envases sostenibles. El desafío sigue siendo grande, pero hay señales de cambio.

Comparación de iniciativas en los tres países

PaísMedidas legislativasProyectos comunitariosTecnología aplicadaParticipación internacional
Costa Rica8 leyes aprobadas desde 2014Campañas con gobiernos localesEducación ambiental, gestión de residuosMiembro del Plan de Acción del Pacífico
PanamáNormativas locales y alianzasProyecto Siete CuencasBarreras flotantes, sistemas de capturaMiembro del Plan de Acción del Pacífico
ColombiaNormativas en desarrolloProgramas en ciudades costerasIncentivos a empresas sosteniblesMiembro del Plan de Acción del Pacífico

¿Qué podemos aprender desde Chile?

Aunque Chile no forma parte del Caribe ni del Pacífico Nordeste, comparte el mismo océano. Y también enfrenta desafíos similares. Las playas del norte y centro del país han reportado acumulaciones de microplásticos, y la pesca artesanal ha comenzado a notar cambios en la calidad del agua y la salud de los ecosistemas.

Las experiencias de Costa Rica, Panamá y Colombia muestran que no hay una única solución. Se necesita legislación, tecnología, educación y coordinación regional. Pero sobre todo, se necesita voluntad. Porque el plástico no llega al mar por sí solo. Llega porque alguien lo tiró, porque nadie lo recogió, porque no hubo un sistema que lo evitara.

¿Y tú, qué puedes hacer?

La próxima vez que compres algo envuelto en plástico, pregúntate si realmente lo necesitas. Si vives cerca de la costa, participa en limpiezas comunitarias. Si trabajas en una empresa, impulsa cambios en los empaques. Y si tienes hijos, enséñales que el mar no es un basurero, sino un hogar compartido.