Amazonas bajo presión: los nuevos informes sobre deforestación en Brasil y Perú y su impacto en la biodiversidad mundial

nuevos informes sobre deforestación en Brasil y Perú y su impacto en la biodiversidad mundial

El Amazonas no es solo un bosque. Es un sistema vivo que respira, regula el clima, alberga culturas milenarias y sostiene una biodiversidad que no tiene comparación en el planeta. Pero ese pulmón verde está jadeando. Nuevos informes revelan que la deforestación en Brasil y Perú ha alcanzado niveles que ya no pueden ser ignorados. Y aunque el daño se concentra en territorios específicos, sus consecuencias se sienten mucho más allá de Sudamérica.

Brasil y Perú en el epicentro de la pérdida forestal

Según el estudio de la Red Amazónica de Información Socioambiental Georreferenciada (RAISG) publicado en abril de 2023, Brasil y Perú encabezan la lista de países con mayor riesgo de deforestación al 2025. Se estima que podrían perder hasta 23,7 millones de hectáreas de bosque, una superficie casi equivalente al territorio de Ecuador.

En Brasil, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) reportó que solo en abril de este año se perdieron 580 km² de selva, un 42 % más que en el mismo mes de 2020. Y eso ocurrió antes de que comenzara la temporada seca, que suele intensificarse entre mayo y agosto. En Perú, el panorama no es menos preocupante. La Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS Perú) señala que entre 2001 y 2023 se han perdido más de 3 millones de hectáreas de bosque amazónico.

¿Qué está provocando esta destrucción acelerada?

La expansión agropecuaria, la minería ilegal y los cultivos ilícitos son los principales motores de la deforestación. En Brasil, el 80 % de la pérdida de bosques está relacionada directa o indirectamente con la ganadería, según datos de la FAO. En Perú, el cultivo de hoja de coca y la minería aurífera han arrasado zonas enteras, especialmente en regiones como Ucayali, Huánuco y Madre de Dios.

Lo más grave es que muchas de estas actividades se desarrollan en territorios sin ordenamiento ni planificación. En Perú, por ejemplo, el 70 % de la deforestación reciente se concentra en zonas donde la tenencia de la tierra no ha sido formalizada. Esto crea un vacío legal que facilita la invasión de tierras, el tráfico de madera y la destrucción de ecosistemas sin control.

Impacto directo en la biodiversidad mundial

La selva amazónica alberga cerca del 10 % de todas las especies conocidas del planeta. Desde jaguares y tapires hasta ranas venenosas y orquídeas únicas, cada rincón del Amazonas es un refugio para formas de vida que no existen en ningún otro lugar. Pero cuando se tala un bosque, no solo se pierde vegetación. Se destruyen hábitats, se fragmentan corredores ecológicos y se alteran ciclos biológicos que afectan incluso a especies migratorias.

La pérdida de biodiversidad no es un problema local. Tiene efectos globales. Al reducir la capacidad de la selva para absorber dióxido de carbono, se acelera el cambio climático. Al eliminar especies clave, se desequilibran cadenas alimenticias que pueden repercutir en otras regiones. Y al desaparecer plantas medicinales, se pierden oportunidades para la ciencia y la salud.

Regiones más afectadas en Brasil y Perú

PaísRegión más afectadaCausa principalSuperficie deforestada estimada
BrasilPará, Maranhao, PiauiGanadería, expansión agrícola+10 millones de hectáreas
PerúUcayali, Huánuco, LoretoMinería ilegal, cultivos ilícitos+3 millones de hectáreas

Estas cifras no son solo números. Representan territorios donde comunidades indígenas han sido desplazadas, ríos han sido contaminados y especies han desaparecido sin que nadie las haya estudiado.

¿Qué dicen las comunidades locales?

En Perú, el pueblo indígena kakataibo ha denunciado la presión constante de invasores en su territorio. Según RAISG, esta zona es una de las más vulnerables del país. En Brasil, líderes de comunidades amazónicas han advertido que la deforestación no solo destruye el bosque, sino también su forma de vida.

“Nos quitan la tierra, nos quitan el agua, nos quitan el aire”, dijo en una entrevista reciente la lideresa indígena Sonia Guajajara, actual ministra de los Pueblos Indígenas de Brasil. Su testimonio refleja una realidad que no suele aparecer en los informes técnicos, pero que es esencial para entender el impacto humano de la deforestación.

¿Hay esfuerzos para revertir la situación?

Sí, pero no son suficientes. En Brasil, el gobierno ha retomado políticas de fiscalización ambiental que habían sido debilitadas en años anteriores. El programa TerraBrasilis del INPE permite monitorear la deforestación en tiempo real mediante imágenes satelitales. En Perú, se han creado áreas naturales protegidas y se han impulsado proyectos de reforestación, aunque enfrentan limitaciones presupuestarias y falta de personal.

Organizaciones como RAISG y FCDS Perú han desarrollado algoritmos que proyectan escenarios futuros de deforestación. Estos modelos permiten anticipar zonas de riesgo y diseñar estrategias más efectivas. Pero sin voluntad política y sin participación comunitaria, cualquier esfuerzo técnico se queda corto.

¿Qué puede hacer la comunidad internacional?

La Amazonía no pertenece solo a los países que la albergan. Su conservación es responsabilidad de todos. Desde financiar proyectos de conservación hasta exigir trazabilidad en productos como carne, madera o cacao, hay muchas formas de contribuir.

La Unión Europea, por ejemplo, ha propuesto una ley que prohíbe la importación de productos vinculados a la deforestación. Y empresas como IKEA y Nestlé han comenzado a revisar sus cadenas de suministro para evitar que sus productos provengan de zonas deforestadas.

¿Y tú, qué puedes hacer desde Chile?

Aunque Chile no forma parte de la cuenca amazónica, sí puede jugar un rol. Como consumidor, puedes elegir productos certificados, apoyar campañas de conservación y exigir transparencia a las marcas. Como ciudadano, puedes informarte, compartir contenido verificado y apoyar políticas públicas que promuevan la protección ambiental.

La selva amazónica no está tan lejos como parece. Su oxígeno llega a todos. Su equilibrio climático nos afecta a todos. Y su biodiversidad es parte del patrimonio común de la humanidad.